martes, 25 de mayo de 2010

España: blanco o negro. No hay gris

Desde luego, en esta España nuestra siempre vamos dando bandazos.

O a un lado, o a otro. O todo p'alante o todo p'atrás. Aquí nunca hay término medio. Siempre tenemos que ser los últimos o los primeros, pero jamás podemos buscar una posición intermedia.

Hace años, entre los españoles estaba mal visto endeudarse. Bueno, o esta mal visto, o no te dejaban, pero la cuestión es que la gente procuraba no gastar más de lo que podía que, en general era más bien poco. La gente ahorraba para comprarse el 600, para comprarse la casa (claro que los intereses de dos cifras no ayudaban mucho a animarse) miraba por los precios y la gente intentaba tener unos ahorrillos que lo cierto nunca eran muchos porque entre devaluaciones de la moneda (la peseta por si alguien no se acuerda) y la inflación esos ahorrillos se quedaban en eso, unos ahorrillos.

Se trabajaba más o menos lo justo porque, aunque había empleo para la mayor parte de la gente (con 12 millones menos de personas viviendo en España y con las mujeres en casa en su mayor parte) pues los trabajos no motivaban mucho. La capacidad de progresar y mejorar era relativamente escasa (tampoco te estaban comiendo el tarro con masters y cursillos) y había grandes empresas públicas y semi-públicas de las que nadie era despedido (mientras fueras afín al régimen o al menos, no claramente díscolo) Vamos un país aburrido, gris y con un futuro económico bastante negro, por mucho que lo nieguen los nostálgicos del antiguo régimen. Muchos productos estaban subvencionados por el estado que no veía la forma de despegar. Algo lo habían movido los tecnócratas que en gran parte estaba ligados al Opus Dei, pero todavía quedaba mucho camino por recorrer.

Con la llegada de la democracia se liberalizaron muchos sectores (la liberalización económica no es necesariamente mala) y la economía se liberalizó. Dejamos de ser unos cuasi funcionarios para pasarnos la vida en el trabajo (y seguimos confundiendo horas en el trabajo con productividad) de manera que hasta los propios compañeros veían mal a la gente que se iba a su hora, aunque tuviera el trabajo hecho. Eso sigue siendo un mal de España, que tiene mucho jefe de la raza Arapajoe (Ara, pa joé, reunión a las seis de la tarde)

Con la bonanza económica vino el dinero aparentemente fácil. Y digo aparentemente porque el dinero nunca llega gratis, al menos para la clase trabajadora. Y empezamos a gastar como descosidos, lo que teníamos, lo que no teníamos y lo pero de todo, lo que íbamos a tener. A nadie le importaba que le clavaran por una ración de jamón el triple que dos años antes. Con el euro la cosa se disparó y casi se hizo el cambio de 1 € = 100 pts (y digo casi porque en el caso de los sueldos, el cambio se hizo correctamente) En un ejercicio de irresponsabilidad mutua, entidades bancarias y usuarios se endeudaban por 30-40-50 años para comprar casa, coche, muebles ¿alguien se ha dado cuenta de la cantidad de cosas que puede pasar en 50 años? En España, en 50 años hemos estado en una guerra en Marruecos (bueno, fue dos años antes) estuvimos a punto de otra, se dio la independencia a Guinea y al Sahara (bueno, este último ...) se murió el dictador, hemos pasado a la democracia, se cayó el Muro de Berlín, hemos estado a un tris de la Tercera Guerra Mundial, etc. En ese tiempo puedes quedarte en el paro, morirte, lesionarte, tocarte la primitiva .... y ten por seguro que vas a seguir pagando la hipoteca mientras quede un rastro de la civilización actual ¿la gente no se ha dado cuenta que ese coche que ha metido en la hipoteca lo va a pagar en los 30 años de la hipoteca y que lo va a seguir pagando 20 años después de retirarlo, eso sin contar con que lo va a pagar dos o tres veces?

Con la bonanza también gastaron gobiernos y ayuntamientos sin mucho control. Los ayuntamientos no solo gastaban, sino que colaboraban activamente con la burbuja inmobiliaria (los gobiernos en este caso, colaboraban pasivamente permitiendo todo este tinglado) La consecuencia, el precio de los pisos triplicado en 10 años, la gente que no puede acceder a ellos y los ayuntamientos sin ingresos. Y en muchos pueblos pequeños van a tener problemas graves con los empleados municipales (que son muchos) y con muchos servicios suprefluos (o no imprescindibles) como jardines, piscinas, ... todo porque había que gastárselo todo no fuera que viniera el de la oposición, ganara las elecciones y se lo gastara él (de trapicheos y sobornos prefiero no hablar que me cabreo)

Pues después de mirar por la peseta mucho tiempo, habíamos pasado a gastar sin mesura, y ahora, volvemos al punto anterior: aquí no se gasta ni un euro (incluido bajada de sueldos a funcionarios) y esto, como todas las medidas absolutas, va a dejar muchas cosas en el tintero. Empresas que están esperando cobrar de los ayuntamientos van a tardar más, con lo que puede que vayan a la quiebra, servicios que quedarán en el aire, centros que tendrán que cerrar antes de acabar el año por falta de dinero.

Leches ¿aquí no sabemos lo que es el término medio? Ni gastarlo todo, ni ahorrarlo todo (y tampoco tocar los sueldos de los que menos tienen, claro) Eso si, esos gloriosos financieros que nos han hecho reventar el sistema, cobrando sus bonus por objetivos y los políticos que defienden el sacrosanto mercado (la mayor falacia del mundo) mirando a otro lado.

Lo cierto es que no quiero despedirme sin dar un toque de optimismo. En España, siempre hemos funcionado mejor cuanto más jodido lo hemos tenido. Hemos tenido un tiempo de bonanza y la hemos cagado por no saber administrarla. Tendremos que volver atrás 15 años (tampoco se estaba tan mal, yo he vivido la época y se podía vivir) y cuando las cosas mejoren (que no hay mal que 100 años dure ni cuerpo que lo aguante) ya vendremos escaldados y haremos las cosas mejor. Si el sistema bancario español aguantó el chaparrón mejor que otros (con solo dos cajas con problemas por el momento) no es porque fuera mejor, sino porque ya había petado hace años y se habían tomado medidas al respecto.

Eso si, lo que nunca aprenderemos será a tirar por el camino de en medio.

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