miércoles, 9 de junio de 2010

Soluciones de emergencia en la SGM (I)

Hay un mito muy manido sobre los temas de la SGM sobre que si los alemanes inventan esto, que si aquello, como si los demás no hubieran hecho nada. Lo cierto es que como se dice, el hambre aguza el ingenio y cosas que nunca hubieran visto la luz (al menos en ese estado) se han lanzado a la batalla de la forma que sea y casi, a ver que sale. En otras ocasiones, unas cosas diseñadas para un uso, cumplieron perfectamente con otro. Unas tuvieron éxito, otras, fueron un fracaso, otras dejaron preparado el camino para nuevas vías de desarrollo y otras, sencillamente, no se llegaron de desarrollar.

No tengo ni idea de lo que va a durar esta serie, porque me pongo a escribir y me sale un rollo de cuidado. Voy a intentar seguir un orden más o menos cronológico, pero que nadie espere milagros en lo que a orden respecta.

Como primer apaño se me ocurre un arma de leyenda: el cañón del 88. Este excelente arma que se ganó una fama excelente como cazacarros (y de hecho lo era) en realidad no era un arma del Heer (ejército de tierra) sino de la Luftwaffe. Bajo el mando del Mariscal Goering estaba toda cosa que volara, incluyendo la futura ala embarcada del Graf Zeppelin al igual que la defensa antiaérea, de la que formaban parte los cañones del 88. No obstante, esos cañones ya habían demostrado su utilidad en la Guerra Civil Española frente a los carros de combate de origen soviético T-26. Pues la fama la ganó en 1940, en la campaña de Francia. A pesar de lo que se piensa, Francia no fue un paseo para los alemanes (cierto que se esperaba mucho más de los franceses, pero tampoco fue fácil) y hubo momentos en que su victoria se vio amenazada. En Arras fue uno de esos momentos. Un fuerte contraataque blindado dirigido por los británicos sorprende a los alemanes. Los carros Matilda británicos son lentos, mal armados, pero invulnerables a los cañones anticarro alemanes de 3,7 cm. Un general llamado Rommel (si, ese Rommel) requisa los cañones de 8,8 cm de la AAA y junto con artillería de 10,5 cm monta una defensa anticarro que detiene el avance enemigo. Es una prueba que a falta de pan, buenas son tortas y si encima son de calidad como en este caso, mucho mejor.

El resto ya es conocido. Los alemanes empujaron a los ingleses hasta el mar y tomar la linea Maginot por la espalda.

Tras la derrota de Francia el Reino Unido se encontró solo ante el peligro. Sus carros pesados se habían quedado en Francia, junto con la mayor parte del material y sólo tenía lo que había salvado para detener una posible invasión alemana (bueno, la Home Fleet también cuenta) A la hora de armar a la población no habí armas para todos y ¿cual fue la solución? Pues la de toda la vida ¿una lanza? Pues efectivamente, varias unidades de la milicia local fueron armadas con lanzas improvisadas con un tubo de acero y una bayoneta. Por suerte para ellos no se enfrentaron a los alemanes (ni a nadie)

A otros que al principio la guerra sorprendió fue a los USA. Con pocas tropas, no demasiado bien equipadas y con pocos carros el US ARMY no estaba precisamente a la altura de los mejores. Por fortuna para ellos disponían de una impresionante industria que pudo ser adaptada, aunque tampoco se libraron de los apaños. Un ejemplo curioso es la motorización de su carro de combate más famoso: el Sherman. Este carro tenía una colección de motores de lo más curioso. Disponía desde un motor radial de avión (con los problemas que lleva para refrigerar eso dentro de un carro) a un motor diesel de 12 clindros (el mejor de todos sus motores) motores de gasolina y el más curioso de todos: un motor que era la combinación de cinco motores Chrysler  de coche de seis cilindros cada uno, dando nada más y menos que la cifra de 30 cilindros en un motor. Supongo que para los mecánicos ese motor debería ser una pesadilla.

El susodicho motor de 30 cilindros.

Continuará ...

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