martes, 20 de marzo de 2012

La Guerra de la Independencia desde un pequeño pueblo de Salamanca.

Existen literalmente cientos de libros acerca de las Guerras Napoléonicas. Por ejemplo, solo hay que seguir este enlace para ver unos cuantos (que conste que no me pagan nada por enlazarles, pero oye, si les apetece, no voy a decir que no ...) También existen (aunque en menor medida) sobre la Guerra de la Independencia de España. Por si a alguien no lo sabe, en este enlace hay una serie de libros al respecto que merece la pena leer y por cierto, son baratos. Recientemente (bueno, hace cuatro años) se cumplió el aniversario de la revuelta de los Madrileños contra el francés mientras el clero y la nobleza se dedicaban a hacerles la pelota y en julio hará 200 años de la Batalla de los Arapiles.

Pues como decía, libros de batallas napoleónicas hay muchos: Waterloo (¡cómo no!) Jena, Austerlitz, Borodinó, ... son batallas que suenan a muchos. Incluso sitios más pequeños como Quatre Bras, Ligny o la granja de Gemioncourt suenan entre los aficionados a la historia (vale, son parte de la batalla de Waterloo) Los libros están llenos de referencias a generales, mariscales, reyes, emperadores y similares aunque suelen obviar el impacto de la guerra en los pueblos.

Sir Arthur Wellesley
(posteriormente el Duque de Wellington)
Fuente: Wikipedia.
Recientemente ha llegado a mis manos un libros acerca de las Guerras Napoleónicas un poco distintos. Su autor, un por el momento poco conocido historiador que en lugar de centrarse en una batalla una determinada campaña se centra en el paso de la guerra por un pueblo de la provincia de Salamanca desde 1807 hasta 1812. Aparte de eso, da la casualidad de que en ese pueblo nada más y nada menos que Sir Arthur Wellesley estuvo a punto de sufrir una severa derrota que podría haber cambiado el curso de la historia.

Este libro cuenta la historia de un pueblo Fuenteguinaldo que tuvo la suerte o la desgracia de encontrarse en plena Cañada Real de Extremadura con lo que se convertía en camino de paso de tropas entre España y Portugal y ese fue el camino que en 1807 eligieron las tropas francesas del General Junot para dirigirse a Lisboa siguiendo el curso del Tajo. La cosa se dice más fácilmente de lo que se hace en realidad. En una época en que los ejércitos se mueven a golpe de calcetín y a lomos de mula y caballo no es sencillo mover un ejército del tamaño de los de Napoleón. Sólo el tren logístico para alimentar a tamaña cantidad de tropas es muy complicado y lo normal era que las tropas (para desgracia de los luareños) vivaquearan sobre el terreno. Si era territorio aliado, las tropas podían respetar a la población y pagar por los alimentos. Si no .... mala suerte para los lugareños. En este caso, los lugareños tuvieron suerte de que los franceses eran aliados y se dirigían a Portugal y órdenes de Junot era el evitar el conflicto con los españoles. En  otra ocasión ... no hubo tanta suerte.

A lo largo de los años se nos cita el paso de diferentes divisiones francesas, inglesas, alemanas (efectivamente, alemanes, concretamente la King's German Legion) y portuguesas. Al pueblo no sólo se le perjudicó con la requisa de alimentos sino que también sufrió una epidemia de viruela al parecer traída por las tropas portuguesas que diezmó a la población, haciendo especial mella en la población infantil.

Mariscal Auguste de Marmont. Fuente: wikipedia
En 1811, tras haber detenido a los franceses en las afueras de Portugal el Duque de Wellington establece su cuartel general en la Villa para enfrentarse al mariscal Marmont que mandaba L'Armée de Portugal. Aquí curiosamente sucedería una cosa similar a la que se produciría años después, en Waterloo.

Marmont mandaba un ejército de 60.000 hombres entre los que se encontraba parte de la temida Guardia Imperial que posiblemente sería el cuerpo más eficaz de la época. Wellington dispone de unos 50.000 pero dispersos por la región. En las cercanías de El Bodón se produce un encuentro entre la caballería francesa y la aliada. La infantería aliada se comienza a retirar ordenadamente, en cuadros sufriendo el acoso de la caballería francesa pero en general, la caballería es poco efectiva ante una infantería disciplinada y los ingleses consiguieron retirarse a Fuenteguinaldo pero en una posición precaria. Pero al igual que Ney en La Haye Sainte, Marmont no dispone de más que de fuerzas de caballería y no puede asaltar la villa. Una división de infantería no llega hasta la noche y se produce una pausa en el combate.

El día siguiente es vital para Wellington. Con inferioridad de tropas y en una posición poco defendida los aliados ven como los franceses acumulan tropas y tropas en lo que podría ser un asalto que les pasaría por encima. Wellington dispone de 14.000 hombres frente a 50.000 franceses pero tiene suerte Marmont (que al igual que Ney no destacaba por su ingenio) piensa que los ingleses están fuertemente atrincherados y no ataca. Mientras, Wellington recibe refuerzos y abandona el pueblo camino de Portugal. El peligro ha pasado.

Hay otro hecho destacable narrado en el libro y que no tiene nada de belicoso pero que parece que el carácter del pueblo español viene de antiguo. Las tropas en ocasiones han pagado con vales que se harían efectivos en el futuro. Dada la situación del país, el dinero tardó en llegar hasta que en 1834 el Gobierno se propuso la liquidación de la deuda de guerra (unos 200 millones de reales de la época) Se organizó una red de estafadores encargados de conseguir esos vales y convencieron a los campesinos de que su valor era casi nulo, obteniéndolos a cambio de una cantidad irrisoria (hay que tener en cuenta que los poseedores de esos vales llevaban ya 20 años esperando para cobrar) Al final, de más de 800.000 reales que se pagaron por los vales de los guinaldeses a éstos llegó tan solo la cantidad de 10.000.

Si alguien está interesado en el libro, su título es "La estrella de Wellington comenzó a brillar en Fuenteguinaldo" de Miguel Ángel Largo Martín (ISBN: 978-84-96186-75-0)