miércoles, 22 de agosto de 2012

Combatiendo el poder de Roma en Carabanzo.

Ocurre a veces que ves por la tele reportajes sobre cosas que hacen en otros sitios y sientes sana envidia. A  veces, resulta que ni te enteras de que al lado de dónde naciste lo están haciendo y te lo pierdes y en otras, da la casualidad que lo ven en el periódico, te acercas y te lo pasas como un enano. Pues eso me pasó a mí con la batalla entre astures y romanos en Carabanzo.

Como estaba a pocos kms de Mieres, fue fácil montar la expedición familiar a Carabanzo,en el concejo de Lena. La carretera, es la típica de Asturias de antes de las autovías y el pueblo, lo que se dice en lenguaje técnico de la zona, cuesto que te cagas (tras tantos años fuera de Asturias ya casi no me acordaba de lo que era aparcar en un prau)

Hay que reconocer que Lug y Coso nos prepararon un día de los que no se recuerdan muchos en Asturias en bastante años. Tras aparcar (gratis, cosa que es jodida en estos tiempos) hay un mini campamento romano que aunque modesto, permite ver cosillas bastante más cuidadas de lo que parece.

Unos cuantos escudos (hombre, no vamos a subir dos cohortes ... no cabrían los espectadores) relativamente bien conseguidos. Vale que no pesarían lo que uno de verdad pero leñe, no le vamos a pedir a un aficionado que cargue con 30 kilos de armadura y armamento. 

Varios pila bastante bien conseguidos también estaban en el campamento.

La idea del pilum (plural pila) es una jabalina que tras atravesar el escudo del enemigo (o el pescuezo, tampoco vamos a ser tan tiquismiquis) se rompía por los dos pernos que vemos, impidiendo su uso contra las tropas romanas. Si nos ponemos exquisitos, podemos añadir un anillo de plomo por detrás de la punta (en las cuerdas) para aumentar su capacidad de penetración.

Una cosa muy interesante ha sido la presencia de honderos entre las tropas romanas. Un señor de estos dien entrenado era capaz de descalabrar a un enemigo despistado a unos 100 metros (salvando las distancias, sería un equivalente a un francotirador actual) Habida cuenta que el alcance de un pilum, siendo muy optimista era de unos 20 metros, no está nada mal. Y la munición era mucho más barata.


En el lado astur, los guerreros eran un pelín menos ¿glamurosos? pero no lo debieron hacer mal del todo ya que tuvieron entretenidos a los romanos unos cuantos años y no fue precisamente en el peor momento de Roma.

Hay que reconocer que la elegancia natural de los astures viene de antiguo ..... si es que solo hay que vernos hoy en día. Y bueno, cuando se nos ve con los collacios, no te digo.

La cuestión es que Roma vino a la Península en primer lugar, a cortar el acceso a Aníbal a la plata y a los refuerzos que estaba consiguiendo en el Levante. Luego le llegaron nuevas de que allí, por el norte, había más oro que fabada y se encaminaron hacia la zona de León, por las Médulas donde literalmente, derrumbaron un monte para sacar oro. Dado que desde el norte no les dejaban muy tranquilos, se dedicaron a pacificarlo "a la romana" ¿y cómo era este método? ¿rebozando en harina la zona? Pues no, pero parecido.

La forma de pacificación romana era muy simple: llego, aniquilo y si queda algo vivo, lo esclavizo. Y eso fue lo que hicieron en la cornisa, aunque les costó unos cuantos años. La reproducción que se representa es una de las batallas contra Roma que comienza con la arenga del druida de turno que quizás en aquella época no tuviera micro ni amplificador .... minucias.


Las tropas romanas acuden al campo de la batalla (caguenla, si hubieran aprendido de Teutoburgo y nos se hubieran enfrentado frontalmente otro gallo hubiera cantado) Muy interesante el equipo de los romanos, con su armadura de cota de mallas (la lorica segmentata es posterior) signifer o portaestandarte, honderos, centuriones con sus condecoraciones, pila (algunos embotados, que no es cuestión de hacerse daño) Ojo al detalle del cautivo a la izquierda.



Tiene especialmente mérito porque eran una docena poco más o menos, patricias aparte, aunque me parece que en la época no debían in mucho al campo de batalla porque su destino en caso de derrota no debía ser de lo más agradable.

Interesante el detalle del signifer con la piel de jabalí (no es que tuviera cara de gochu)

La batalla comienza con un enfrentamiento entre los dos campeones, el astur y el romano. Aquí vemos al campeón astur, falcata en mano desafiar a los romanos.


Aunque a mí esto me chirría un poco. La legión romana era una máquina de picar carne, no necesitaba enviar un campeón a acojonar al contrario. Directamente, lo aniquilaba. No obstante, hay que reconocer un gran mérito en ambos combatientes. Han hecho un combate lo suficientemente creíble sin descalabrarse uno al otro y sin efectos especiales. Quieras que no, un par de gladius y un falcata pueden hacer bastante daño. Con un juicio más que acertado estuvieron ensayando antes el combate.

Varios detalles interesantes:
Los legionarios aguantando la lluvia de proyectiles mediante un testudo (para ser ocho, no está nada mal) Los pila están embotados para no descalabrar a nadie (otra medida muy juiciosa)


Los honderos en acción. Esto era mucho más peligroso de lo que parece, como comenté antes. Como curiosidad comentaré que eran famosos los honderos baleares (a ver si viene Rafa Nadal de aquellos)


Al final, tras el asesinato del cautivo, los romanos avanzan en formación contra los astures, protegidos por su formación de escudos. Los rivales son incapaces de alcanzarlos y los gladius se cobran su peaje. La siguiente foto es interesante.
El legionario romano avanzaría agazapado tras su escudo. Lo que se escape de ahí es desviado por lo general por el casco y la cota de malla le protege de los cortes. La espada corta (gladius) permite acuchillar  con una eficacia superior a la de las falcatas o las spathas. Es un arma pensada para acuchillar, no para cortar. Las heridas infligidas por este arma son muy superiores a las de las otras armas. Es un arma pensada para las distancias cortas y durante cientos de años, fue superior a todas. Al final, las tropas de Roma dejan un reguero de cadáveres a su paso.


Y bueno, como en Asterix, una buena historia de celtas y romanos debe acabar como es debido ¿no?


Informando para Roma, desde Carabantius, Manolae Lamus.


P.D. He editado las foto en el portátil, pido perdón si los colores salen un poco raros.