domingo, 30 de septiembre de 2012

A hostias en las guerras napoleónicas.

El pasado viernes y sábado, en la localidad de Tordesillas se celebró el segundo centenario de la toma de Tordesillas por parte de las tropas españolas ([mode chauvinista on]el que estuvieran al mando de Wellington era algo completamente secundario[mode chauvinista off]) Algo de eso ya comenté al hablar acerca libro de las andanzas de Wellington en España (que el autor sea amiguete no tiene nada que ver)

Aguerridos miembros de la Guardia Imperial (se les nota por el gorro de piel de oso) Fuente: propia


Dado que sobre las Guerras Napoleónicas se ha escrito por activa o por pasiva (y bastante mejor de lo que hago yo) pues voy a aprovechar una pregunta que me hicieron para explicar lo que quiero ¿y por qué luchaban de una forma tan tonta? Pues  cualquiera acostumbrado a las pelis de Stallone, Van Damme, Schwarzenegger o Chus Norris le llamará la atención la forma tan peculiar de luchar de los ejércitos de principio del XIX. Y aunque parezca mentira, esta forma de luchar siguió hasta principios del s.XX donde un invento de un americano afincado en Reino Unido cambió definitivamente la forma de hacer la guerra (y de vestir en campaña) 

La cuestión que a ojo de una persona del siglo XXI llama mucho la atención la forma de combatir del S.XIX. Apretadas filas que disciplinadamente avanzan en filas, bajo el fuego de la artillería que, aunque no tenía la mala leche de la de ahora, también disparaba a hacer daño, para detenerse a 50 metros (o menos) del adversario para soltar una descarga cerrada (lo del humo no es coña, es pólvora negra)

Aguerrida descarga de la infantería gala. Salvo el plomo, todo es real. Fuente: propia.
La cuestión es que todo depende del arma utilizada. En una entrada anterior (voy a darme un poco de autobombo) comenté la reconstrucción de una batalla entre romanos y astures. Mola mucho vestirse de romano, con cota de malla (o segmentata, según época) pilum, scutum y gladius pero estos temibles guerreros tenían una alcance muy limitado ... unos 20-30 metros como mucho con sus pila (aunque hacían mucha pupa) en 1812 salvo la artillería, el combatiente individual había mejorado en su alcance, pero mucho menos de lo que se pensaba por lo general. Vale en la Guerra de Independencia Americana un rifle de Kenctuky podía alcanzar blancos a 300-400 metros, pero era en circunstancias muy favorables (por ejemplo, una formación de infantería avanzando en plan Guerra Napoleónica)  y si la cosa se ponía complicada era jodido apuntar ¿o no? Que conste que aquí ya usan fusiles de pistón.


Pues aprovechando el zoom de la cámara y los que reconstrían la batalla, voy a intentar explicar como se daban de zurriagazos en el siglo XIX,

Lo primero, es ver el armamento de un soldado típico de la época  Lo normal sería llevar un mosquete (en torno al calibre .70) una bayoneta y un arma blanca. Aproximadamente lo que lleva este señor.
Armamento de un soldado de infantería del s.XIX. Fuente: propia.

Aparte del mosquete vemos un arma blanca (una especie de sable corto) y la funda de una bayoneta. Por mucho que nos dijeran que la pólvora revolucionó el arte de hacer la guerra (que es verdad) lo cierto es que hasta prácticamente el s.XX el arma blanca fue la causante de más víctimas (con el permiso de las infecciones y las disentería) fue una cosa más humilde, que no necesitaba tanto mantenimiento y que se ponía en el extremo del fusil: la bayoneta.

Esto es lo que de verdad ganaba las batallas. Fuente: propia.

Vamos a hacer un pequeño repaso histórico. En el s.XIX la gente era más baja que ahora (al menos, en la Península Ibérica, si ahora somos chaparretes, antes más)  El arma por excelencia de los caballeros era la caballería (valga la redundancia) aunque unos señores bajitos, con mostacho, malencarados que formaba en grupos con la tercera parte de picas, la tercera de ballestas y la tercera de arcabuces (aunque luego cambiaron las ballestas por arcabuces también) conocidos como Tercios se dedicaron a sembrar el terror por Europa (aunque me da a mí que se parecían más a Alfredo Landa cabrado que a Viggo Mortensen ...)

Que ya nos hubiera gustado ser así ... pero va a ser que no (fuente:wikipedia)
Total, que la cosa evolucionó y otro señor bajito, que nació italiano en Cócega que hablaba tan mal francés como yo ingles (aunque me entienden) aprovechó y armó a sus tropas (bajitas como él salvo los granaderos) con un fusil más largo que ellos y le puso un pincho de unos 30 cm al extremo. Con eso, una formación en cuadro y unos cojones como el caballo de Espartero y una disciplina de hierro podían rechazar cualquier ataque la caballería y de lo que se pusiese por delante.


Ahora la pregunta es ¿y por qué esta gente se ponía en fila, de pie y se ponía pegarse tiros a 50 metros como quien no quiere la cosa? ¿estaban tontos o qué? Pues lo primero, hay que saber un poco lo que es un mosquete y qué alcance eficaz tiene. Si alguno (viejuno él como Pablo o Miguel que sé que van a leer esto) ha hecho una cosa llamada mili (Servicio Militar para los del PP) sabrán que no es muy complicado zumbarle a un contrario a 100 metros con un CETME y si te pones, a 200 o más. Un AK-47 (que no es precisamente un arma pensada para combatientes especializados) tiene un alcance eficaz de unos 400 metros. Los famosos Mauser de las Colinas de San Juan eran eficaces a 1.000 metros o más (a esa distancia lo jodido es ver al enemigo) pero ¿a qué distancia eran eficaces los mosquetes? Pues siendo optimistas ... de 50 a 100 metros. Otra cosa es que a más distancia fueran capaces de levantarte la tapa de los sesos, pero apuntando la cosa era más bien complicada. Por eso se avanzaba en formación cerrada. Para poder llegar cerca del enemigo y poder tener opción de tirar al bulto y darle a alguien.

Y es que la forma de proceder con un mosquete no era ni fácil ni cómoda. Seguramente lo primero que se pregunta uno es ¿por qué no se tumban en el suelo? Se apunta mucho mejor y se ofrece menos blanco. Pues la respuesta es fácil, viendo cómo funciona un mosquete de principios del s.XIX.

Vamos a ir por partes. A estas armas se las conoce como armas de chispas ¿y por qué? Pues porque la forma de ignición del arma es por medio de un trozo de pedernal que produce una chispa que ceba un poco de pólvora en una cazoleta que inicia el disparo. Con este sistema el arma disparaba unas 8 de cada 10 veces. Con los sistemas anteriores, menos. Pero vamos a ver cómo se hace la cosa. Para ello, lo primero, el soldado, deba coger de su mochila un cartucho de papel que contiene la pólvora y el proyectil.
Cogiendo el cartucho. Fuente: propia.

La cantidad de cartucho desde una perspectiva moderna el ligeramente ridícula. Llevaban unos 20-24 cartuchos (en los siglos anteriores se llevaban unos 12 preparados) Actualmente se llevan de 100 (con 5 cargadores de 20) a 240 disparos (8 cargadores de 30) o más. Claro que antes se disparaban como mucho 2-3 disparos por minuto y ahora se disparan fácilmente 10 por segundo o más.

Previamente a recoger el cartucho se ha montado el martillo a su primera posición (de aquella no había seguros ni otras mariconadas) y se había levantado la tapa de la cazoleta. Con el fusil en posición OBLIGATORIAMENTE horizontal se mordía el extremo del cartucho y se vertía un poco de la pólvora en la cazoleta.

Vertemos un poco de pólvora en la cazoleta. Con calma .. mientras los de enfrente avanzan a cortarte el pescuezo. Fuente: propia.

A continuación, ponemos el fusil en posición vertical (por eso no se puede combatir tumbados) y vertemos el resto de la pólvora en el cañón. Claro está que no baja bien del todo y hay que hacer cositas como sacudir el cañón, el cartucho, ....
Metemos en el cañón pólvora, cartucho, .... fuente: propia.
En un enfrentamiento real se deslizaría la pólvora por el cañón, el papel haría de taco, luego iría el proyectil y con la baqueta se aprieta todo (y no pierdas la baqueta o si no, el siguiente disparo no se puede hacer)
Apretando con la baqueta. Fuente: propia.

Una vez finalizada la operación (cosa que puede tardar entre 30 segundos y un minuto, dependiento de la habilidad del soldado) la cosa está lista para disparar. Claro que entre que se produce la chispa en la cazoleta y se produce el disparo hay un tiempo (sobre medio segundo o menos) que puede ser la cuenta para fallar el disparo. Tengo un colega de la EGB que lo sabe bien que tira con avancarga y lo puede atestiguar aunque el lo hace con pistón (¿verdad Benja?)

La gracia de esta foto es que se aprecia la chispa del pedernal, antes de prender la pólvora de la cazoleta.
Por este motivo se decía que la bala era tonta, pero la bayoneta era sabia. Al final, los asaltos se libraban a la bayoneta, aunque los movimientos previos del general contaban mucho.

Aquí la cámara capta la ignición de la cazoleta (incluida una chispa) antes del disparo en sí. Fuente: propia.
Una última observación de seguridad. Si os váis a una reconstrucción veréis que la gente con cabeza (que de todo hay) apunta alto. La razón está en la foto siguiente. Aunque sea papel, a corta distancia, esto hace pupa.

Hay que apuntar alto. Fuente: propia.




domingo, 16 de septiembre de 2012

Catapultas

Este verano me encontraba aburrido y empecé a tallar un par de ensamblajes de madera en un palito de sección cuadrada con una navaja. Con unos cuantos y un poco de cordel me acabó saliendo ésto, para asombro de los niños del pueblo.

Prototipo original. Podía lanzar una piedrecita a unos 4 metros.
Pues tras el primer experimento, pensé si se podría hacer un poco mejor. El primer paso es conseguir los materiales. Una vez en casa me dirigí al centro de bricolaje más cercano para adquirir el material: unos listones de 2400 mm de largo y de diversos tamaños (8x8, 16x8, ...) y unas varillas cilíndricas de 4 y 6 mm de diámetro. El coste total, no llegó a 10 € contando la cuerda y la cola.

Previamente, había buscado diversas imágenes de catapultas para ver un modelo en el que inspirarme. Al final, creo que lo que me salió es algo parecido a un onagro romano (un modelo primitivo de catapulta) El mecanismo es relativamente simple. Una cuerdas tensadas proporcionan el impulso adecuado para que el brazo lance el proyectil colocado en su extremo. El nombre de onagro proviene de unos asnos famosos por su mal genio y dar unas coces de impresión. El golpe del brazo contra el tope horizontal debía recordar a estos simpáticos animalitos.

Los primeros pasos son relativamente simples. Consisten en crear una estructura dónde se va a sujetar el arma, junto con el largero que detendrá el brazo lanzador. Yo he usado unas uniones rectas relativamente fáciles de cortar que se pueden ver aquí una vez presentadas, sin más sujección que su propio peso.

En los listones verticales practico unos rebajes dónde encajará el listón horizontal. Si fueramos preciosistas los sujetaríamos con pernos (de madera o metálicos) y cuerdas. Yo para este primer experimento, lo voy a hacer con cola. Añado encolados un par de riostras que ayudan a los maderos verticales a soportar el impacto del brazo lanzador. En este caso y dado el tamaño del artefacto, sólo hacen una función estética. Si a alguien se le ocurre hacerlo de mayor tamaño, deberá sujetarlos bien. El conjunto todo encolado va a quedar de la siguiente manera:

Ahora procederemos a ciertas partes un poco delicadas. Hay que tener paciencia, cuidado y sujetar muy el armazón para evitar que se mueva. Hay que proceder con el taladro para encajar los ejes de las ruedas, el mecanismo de armado y las cuerdas que producen la tensión. Si se tiene un taladro de velocidad variable es mucho mejor que uno que directamente entre a su máxima velocidad.

No es preciso un taladro muy potente, pero si el tener las cosas claras.

Taldrando ejes para las ruedas.
Las ruedas están hechas con cuatro piezas (lo siento, no hice fotos) son dos listones de 4 mm de grosor y de  24 de ancho pegados lateralmente, sobre otros dos girados 90º. Una vez seca la cola, se cortan en círculo y se perfora el centro. Lo cierto es que queda una rueda bastante resultona.

En la parte posterior pondremos el cabrestante que se usaría para tensar la catapulta. 

Cabrestante para armado.

Las cuerdas tensadas se pasan por dos orificios hechos para tal propósito. En modelos más elaborados se pueden apreciar un enganche metálico para tensar la cuerda. Yo me he decantado por una pieza de madera en cada lado y un tope deslizante para cuando se haya acabado de tensar. Hay que tener cuidado al tensar no sea que nos pasemos y nos carguemos todo el tinglado. Por dicha razón he añadido a mayores un listón horizontal en el medio del armazón, para evitar su colapso hacia el interior por exceso de torsión de la cuerda. El paso de la cuerda de un lado al otro es un poco rollo ya que tiende a liarse por lo que es mejor dejarlo un poco flojo y luego, apretar. 

Mecanismo de tensado (rústico)
Con un par de trozos de madera cortados de una silla y una serie de perforaciones simulo la parte del cabrestante dónde los usuarios de la catapulta introducirían una serie de barras para ir tensándola progresivamente. Aquí debería haber un engranaje metálico para evitar que se destensara, pero en este modelo no era necesario. Un mecanismo de disparo hecho con tres argollas completa el modelo.

Aquí se puede ver un detalle del mecanismo de disparo. Rústico, pero eficaz. También se ve el gancho dónde se ata el mecanismo de tensado. Otros modelos (mejor hecho) lo hacen todo en el mismo.

Y ahora la cuestión es ... esto ¿funcionaría? Pues va a ser que si.



Al final, no queda mal del todo.