domingo, 16 de junio de 2013

Artillería napoleónica


El otro día estaba discutiendo hablando con un amigo que acaba de sacar un libro sobre los partes de Guerra de Wellington (ISBN 978-84-96186-86-9) en España, un subconjunto de todos los escritos por el británico a lo largo de su vida y que afecta a la guerra Peninsular, concretamente, a la zona de Salamanca, Castilla, ... . Previamente había sacado un libro de lectura un poco menos densa del que ya he hablado previamente. La cuestión es que yo le sugería para la tercera entrega escribir algo de cómo se hacían las cosas en la época. El tema de movilizar 40, 50.000 o más soldados no era una tarea sencilla y exigía un esfuerzo organizador más que considerable. De hecho, muchas veces, la guerra no la ganaba el mejor general sino el que mejor se organizaba. El llegar a la batalla con las más tropas, más descansadas, mejor equipadas y en el momento justo no es moco de pavo. Puede llamar la atención de Wellington haya puesto sitio a los franceses en Burgos y haya tenido que retirarse por no haber llevado artillería .... ¿cómo es eso posible? Pues voy a ver si explico algo lo que es la artillería a finales del s.XVII y principios del s.XIX.

Hoy en día los términos artillería de campaña, artillería de sitio, obuses, cañones, .... pierden un poco de sentido. Hoy en día los cañones son muy versátiles, pudiendo actuar en muchos roles. Además, el alcance se ha multiplicado por 10 (al menos) Un cañón moderno del 105 como el L118 puede actuar como cañón (tiro por debajo de 45º) como howitzer (por encima de 45º) ser remolcado, puesto en posición fija, disparar a más de 15 km y tirar una gran variedad de proyectiles. Pero esto hace 200 años, no era así ni mucho menos.

Hace 200 años, como ahora, los cañones más poderosos se montaban como siempre en los barcos aprovechando la movilidad de estos. Por motivos de distribución de pesos, los más pesados se ponían en los puentes inferiores, aligerando el calibre según se iba subiendo en el barco. En la cubierta más inferior se montaban las piezas de 36 o 24 libras que podían lanzar proyectiles de unos 14 o 12 kilos. A medida que se subían a las cubiertas superiores el calibre iba disminuyendo. Por ejemplo, el Santísima Trinidad montaba cañones de 36, 24, 12 y 8 libras. Desde una perspectiva moderna estos valores dicen poco, pero si decimos que un cañón de 36 libras puede llegar a pesar casi cuatro toneladas podemos pensar que el moverlo en tierra era ligeramente "complejo". Si nos ponemos en el periodo entre la toma de Badajoz y la Batalla de Salamanca (aquí conocida por los Arapiles) en que los ejércitos Anglo-Portugués-Español y Francés marcharon en paralelo a escasa distancia el andar arrastrando un cañón de 36 libras no debía ser lo más cómodo y eso que estamos hablando de las llanuras de Castilla. Debido a esto, vamos a ver la clasificación de la artillería.

Artillería de sitio y de guarnición.

Con la excepción de la naval, es la que dispone de mayores calibres, desde las 4 a las 24 libras o incluso mayores. Comprende cañones, morteros, obuses, .... Los morteros pueden llegar a las 15 pulgadas de calibre (estos me miden por el tamaño de la boca en lugar de por el peso del proyectil) No estñan pensados por lo general para ser móviles por lo que pueden tener cureñas como las de la foto de abajo que es un cañón naval, pero puede ser utilizado para guardar el puerto, si es preciso.

Cañón de 9 libras inglés capturado en Donosti. Fuente: propia
Aunque los cañones sean grande y pesados siempre se les puede mover con la ayuda de grúas y similares siempre que se cuenta con la ayuda de unos fuertes brazos y tiempo suficiente.

Artillería de campaña

Es la que se lleva a la batalla. Cuando leemos sobre las batallas de la época napoleónica es a la que se suelen referir aunque en esto hay excepciones. Si por ejemplo, un ejército se acerca a una ciudad controlada por el otro, es posible que pueda tirar de la artillería de plaza.

En el ejército francés la artillería de campaña era de 4, 8 y 12 libras tan solo en comparación con la mayor variedad de calibres de la artillería anterior ¿cual es el motivo? Pues por un lado, el simplificar un poco la cadena logística, no es lo mismo llevar municiones para tres calibres que para 8 y por otro lado, el peso. Un cañón de 24 libres pesa casi tres toneladas contando su afuste y solo el tubo mide  2,5 metros. El cañón de 12 libras pesa sólo 900 kg .... ¡ande vamos a parar! Aún así, para mover el bisho en cuestión eran necesaria media docena de caballos y 15 personas para servir la pieza. A todo eso, sumemos los carros para las municiones, equipos, .....   Por ejemplo, un cuerpo de artillería que acompañara a un ejército que constara de 200 cañones precisaría 440 carros y ¡2.840 caballos! y unos 2.000 hombres sólo para la artillería.

Artillería montada.

Artillería a caballo. fuente Wikipedia
Se trata de unidades hipomóviles diseñadas para llevar la artillería a dónde era necesaria en el curso de batalla. Las piezas excesivamente pesadas como las 24, 12 u 8 libras están directamente descartadas. Los normal era utilizar piezas de 6 libras ya que las de 4 eran demasiado ligeras (hablando de poder de fuego) Pensemos que la idea era batir una fortificación inesperada o rociar de metralla un cuadro de infantería
Cuadro de infatería. Fuente: wikipedia
para sugerirles que quizás emprender la huida fuera mejor idea. El cañón de 6 libras era una solución intermedia y bastante adecuada sobre todo teniendo en cuenta a las distancias en que se combatía en la época. Teniendo en cuenta que los mosquetes de la época eran muy imprecisos por encima de los 100 metros (ojo, que también había rifles, bastante más precisos) poder situar un cañón al triple de esa distancia y rociar a los infantes con metralla con suma eficacia era lo que deseaban todos los comandantes (vamos, lo que llevaban los cañones, porque a los de enfrente maldita la gracia que las haría) Gracias a estas unidades, el poder de fuego artillero se podía llevar al lugar que se necesitaba en un tiempo moderado y retirarlo fácilmente si las cosas se ponían feas, cosa que no sucedía con las piezas más pesadas. De hecho, la toma de cañones se consideraba como una victoria, por ejemplo, la famosa carga de la brigada ligera en Crimea, aparte de la cagada de "solo veo unos cañones" iba destinada a evitar que los rusos retiraran los cañones de las posiciones turcas claro que por un malentendido acabaron cargando contra los cañones rusos. Al final, ni pa tí ni pa mí (rusos y anglo franceses se adjudican la victoria), pero se en la tontería, se quedaron más de 400 muertos y 900 heridos en el campo entre unos y otro.

De esto podemos concluir que el ejercicio logístico de mover un ejército de la época napoleónica era una empresa arduo complicada. De hecho, desde los tiempos de Roma y de Anibal y con muy pocas excepciones, el tamaño de los ejércitos en campaña era de pocos miles, especialmente, lejos de sus bases. Tampoco se podía desplazar a todo el ejército el mismo día por la misma ruta, sencillamente, ni cabían, ni había forma de darles de comer. Por ejemplo, en el libro de Wellington que menciono antes se describe el movimiento de una división francesa entre Ciudad Rodrigo y Alcántara y se desplazan de brigada en brigada, una cada día. Además, las cosas que han de planear con tiempo habida cuenta del retraso de las comunicaciones (desde varias horas a varios días, dependiendo de la distancia)

Al final, resulta que lo que sale en las películas no se parece en mucho a la realidad, al menos, en las cosas mas mundanas.

domingo, 9 de junio de 2013

Necesitamos nombre para una nueva ¿ciencia?

Estaba últimamente dándole vueltas a ciertas similitudes que hay entre la astronomía y la economía y estoy pensando que recientemente (bueno, no tan recién) ha nacido una nueva disciplina a la que debemos de poner nombre, porque se podría confundir con otra disciplina ya existente.

¿Por qué hago una comparación con la economía y la astronomía? Pues la cosa es relativamente simple. Hace unos miles de años, en Grecia, en una cálida noche de verano, como diría Sheldon Cooper, el hombre miró al cielo y observó que, entre varios miles de estrellas, había varias que no se comportaban como el resto (la luna, según Sagan ya la tenía controlada Moonwatcher bastante antes de saber manejar el hueso para recuperar el charco) Esa gente se dio cuenta de que unos puntos que brillaban en el cielo se movían .... uno antes o después de la salida o la puesta de Sol, otro de color rojo, otro muy brillante, .... 
Moonwatcher iniciando sus estudios astronómicos en 2001 (Kubrik/Sagán)

Como el hombre es muy dado a averiguar cómo funcionan las cosas (y si no, se lo inventan en una cosas llamadas religiones) alguien empezó a medir el comportamiento de esos cuerpos errantes (que en griego se dice πλανήτης y que se pronuncia algo así como planetas) De paso, también ocurría que la Luna hacía cosas raras de vez en cuando. Resulta que a veces, desaparecía y volvía a aparecer. Lo mismo ocurría con el Sol, pero con una frecuencia mucho mayor. Gente muy observadora y muy lista fue poco a poco capaz de predecir los movimientos de los astros y claro, si eres capaz de predecir el movimiento de los astros ... ¿cómo no vas a ser capaz de predecir el resto de cosas? Lógico, normal. Si la Luna Nueva entra en conjunción con Júpiter ese va a ser año de malas cosechas ... seguro (incluso, a lo mejor resultó que un año de malas cosechas coincidiera con una conjunción astral determinada) pero vamos, que la influencia de Júpiter en cualquier cosa relacionada con la Tierra .... salvo en parar cometas y cuerpos provenientes de fuera del Sistema Solar, como que no influye mucho. 

Aunque en su época, la observación y la predicción (de los cuerpos celestes y del futuro vario) iban de la mano aunque poco a poco se fueron separando. Gente como Galileo, Newton, Cassini y tantos otros sentaron las bases de una ciencia seria, basada en hechos contrastados y repetidos y cuyas teorías se elaboraban con una base científica y que eran confirmadas en base a observaciones. Por ejemplo, el planeta Neptuno fue localizado en base a unos extraños comportamientos de Urano. Sin embargo, unos extraños movimientos de Mercurio se suponía que eran provocados por un planeta interior llamado Vulcano. Dicho planeta nunca apareció y el movimiento anómalo de Mercurio acabó siendo explicado por la deformación del Espacio-Tiempo provocado por el efecto gravitatorio del Sol.

Al final parece que los astrónomos son gente seria, metódica, que se piensan las cosas razonablemente bien, as diferencia de sus primos, los astrólogos que son todo lo contrario aunque también se basan en las estrellas y en cosas peores. Sus cálculos no son precisos ni actuales, de hecho, siguen con el Zodiaco de hace 3.000 años, aunque no coincida. Claro que no influye mucho en lo que aciertan o no.

Pues con la economía pasa algo parecido. La economía nace como la necesidad de saber lo que tienes, lo que haces, lo que produces y lo que gastas. La cosa proviene de muy antiguo. Ya en el Paleolítico el hombre sintió la necesidad de contar y hacer operaciones matemáticas.
Hueso de Ishango. Fuente: Wikipedia

El hueso que aparece a la izquierda es de los primeros registros que se tienen de un sistema de conteo y/o matemático. En una época en que la primera ocupación era conseguir comida y no ser comido por otro bicho más gordo, si un homínido se entretuvo en hacer marcas en un hueso, era porque le era útil (un calendario, por ejemplo) y no por gusto. Al igual que los astrónomos, las matemática y la economía van creciendo de la mano. Ya en Egipto hace falta un sistema de contabilidad complejo para la recaudación de impuestos. Las campañas militares exigen un complejo sistema logístico en el que los números son importantes. Por ejemplo dice el Faraón: trae unas cabras para comer mañana .... ¿cuantas cabras traemos? ¿cuantos son a comer? ¿y si traemos hipopótamos? ¿a cuantas cabras equivale un hipopótamo? ¿hay hipopótamos de ración?

Pues a base de observar, los escribas del faraón llegaban a conclusiones y previsiones lógicas: si el ejército come tres hipopótamos al día y sólo tenemos treinta .... sólo podemos hacer diez días de campaña y si nos pasamos, pasaremos hambre (las cabras tienen menos chicha que el hipopótamo)

Ya por aquella época había gente que aparte de hipopótamos tenía oro y lo prestaba y también guardaba oro de otro a cambio de un interés y lo solían hacer con bastante seriedad porque entre otras cosas, si lo hacía mal, podía acabar clavado en un palo en medio del desierto y no es precisamente una forma agradable de hacer turismo por las dunas. Vamos, que la gente se tomaba la economía en serio. Siempre hubo desfalcos y robos, pero en lugar de que el visir anticorrupción pudiera la absolución, como mínimo salían con las costillas calientes y es posible que con algún miembro de menos eso si no acababan como pienso macrobióticos de algún cocodrilo.
Funcionario de la hacienda egipcia sancionando a un infractor.

Total, que va pasando el tiempo, y la ciencia economía poco a poco va mejorando, contemplando más cosas, ... Cierto que durante la antigüedad hubo hambrunas, catástrofes y otras cosas para entretener a la población, pero seguro que a nadie se le ocurriría echar la culpa de lo de Pompeya a los contables de la zona ¿verdad?

Incluso se empezaron a dar las primeras burbujas de las que se tiene conocimiento como la holandesa de los tulipanes aunque posiblemente el tráfico de reliquias fuera otra industria similar muy pujante en la Edad Media. Vamos, que nadie se iba a molestar en montarse un tinglado como éste si no fuera porque daba dinero. Luego vendría Lutero para joderles en invento en Centroeuropa.

Ya en el siglo XVIII los economistas empiezan a jugar a filósofos y la cosa empieza a torcerse, aunque los comienzos no son malos. Ya Adam Smith se da cuenta de que el sistema imperante hasta el momento con monopolios y privilegios era altamente ineficiente y que la competencia es una cosa buena. Claro que el muy pardillo pensaba que el mercado se regulaba a sí mismo y sabemos que en el momento en que puede, uno se come al resto. Luego vinieron otros como Marx, Malthus con sus teorías económicas que en unas cosas acertaban y en otras cosas no o mejor dicho, lo que decían se cumplía en un contexto determinado, lo que no implicaba que en otro funcionara o fuera real. Lo cierto es que esta gente si tenía un peso importante, pero tampoco se les hacía caso al 100% ni mucho menos. Por ejemplo, en la muy comunista y recién creada Unión Soviética (que por aquel entonces ni siquiera se llamaba así) cambió el modelo comunista por uno capitalista a pequeña escala (se permitía el pequeño comercio y agricultura privada) en 1921: se llamaba la Nueva Política Económica (ya se la cargaría Stalin más adelante) Los muy liberales EEUU ya había publicado leyes contra el monopolio 30 años antes, la ley Anti-Trust. Vamos, que parafraseando a Churchill, la economía era un asunto muy serio para dejárselo a los economistas.

Pasan los años, viene la depresión del 29, las políticas de Roosevelt prohibiendo la posesión de oro, creando empleo público sacan a los EEUU de la gran depresión a la que la había llevado una tremenda burbuja bursátil. Al parecer nadie se había dado cuenta de que el crecimiento ilimitado no existía .... 

La SGM y la Guerra Fría fueron, aunque no lo parezca, un empuje para la ciencia, la economía (bueno, salvo que te devastaran el país) y la economía. Había dinero para proyectos científicos que, aunque tenían la sana idea de acabar con el prójimo, acabaron dejando una huella beneficiosa en la sociedad. Parece mentira que el GPS que ahora nos ayuda a llegar a nuestro destino sea el heredero de un cacharro que se lanzó aprovechando un misil nuclear que teníamos por ahí a mano. Menos mal que se acordaron antes de desmontar la cabeza nuclear.

Lo cierto es que la economía estaba controlada y el mundo iba más o menos bien. El nivel de vida de la gente iba mejorando poco a poco (en unos sitios más que en otros, como siempre) y por ejemplo, en EEUU en 1980 pagaba el 70% de impuestos por cada dólar que ganara por encima de 108.300 (si estaba soltero, claro) Como para quejarse de la subida que nos ha metido el Mariano. Por cierto,el paro de EEUU era el 7,5% (un poco alto para EEUU) 


¿Pensábais que era broma? Pues no.

Y llegaron los filósofos liberales (Tatcher, Reagan) .... y la cagamos. No a corto plazo, claro. Al principio, todos muy felices, llegaba mucho dinero (no confundir dinero con riqueza) ganabas más pero claro, las cosas eran más caras con lo que se llevaba una parte de tu incremento de riqueza, pero claro, había margen de crecimiento. Se externalizaban la producción (lo que se suele llamar riqueza) a otros países, a costa de dejar sin empleo a los del propio (mientras puedas crear nuevas industrias de otra cosa, tampoco tiene por que ser malo) y empezamos a dejar el control de las empresas a unos señores que se decían economistas pero que en realidad, atendían poco a la economía real sino que más bien eran seguidores de escuelas filosóficas-teológicas (pal caso ...) que no paraban de repetir mantras como el mercado se regula solo (falso) el estado no debe intervenir para nada (hombre, no veo una empresa estatal que fabrique por ejemplo tablets, pero si regulando el mercado para que no se desmande) regalando empresas a sus colegas o a sí mismos .... Ya a finales del s.XX ya tuvimos el primer aviso con la burbuja de las puntocom. En España su máximo exponente fueron aquellos 150 € por acción que se pagaron por Terra, recomprada por Telefónica años después  por 5 €. Aquella burbuja fue dirigida por unos ingenieros que no sabían de economía y por unos economistas que no sabían ... de nada. Pero la fiesta seguía y de las puntocom pasamos (o más bien seguimos) con el ladrillo. La siguiente crisis definida como crisis NINJA (No Incomes, No Job)


Los economistas (por llamarlos de alguna manera) sabían como iba esto, pero claro, como todos lo hacen, nadie dice nada (como si fuera una secta) Luego nos peta Fannie Mae, Enron, .... y te dices ¿quien coño dirige todo esto?

Y vemos que ahora, los gurús de la economía seguidores de Milton Friedman premio Nobel de Economía (esto del Nobel de Economía parece que se está convirtiendo en un cachondeo similar al Nobel de la Paz) y hay gente que los sigue sin pensar que ni todos los paises son iguales ni todos las situaciones son las mismas. Pueden meter la pata hasta en los cálculos que sus seguidores continúan diciendo lo mismo. Incluso ahora empiezan a darse cuenta de que igual se han pasado un pelín .... por supuesto nada es culpa de estos gloriosos economistas que dan lecciones a todos.

Se dice que los economistas hacen grandes predicciones sobre el pasado (y encima, cobran por ello) No vamos a ser crueles, y vamos a considerar que en realidad son análisis de lo que ha pasado. El problema es cuando basándose en lo que ha ocurrido en el pasado, intentan predecir el futuro. Nos podemos pensar que eso es la base de la ciencia pero el problema es que dado que las condiciones económicas, sociales, políticas, climáticas, ... están en constante cambio, este tipo de previsiones, no son demasiado fiables. Es fácil deducir que si gastas más de lo que ganas tendrás problemas en un futuro más o menos próximo (dependerá de la cantidad de cada uno) pero claro, luego hay una cosa llamada inflación que hace que las deudas de hoy valgan menos mañana (entre otras cosas, por eso se pagan intereses) con lo que si no te desmadras, es posible hacerlo (EEUU lleva haciéndolo muchos años, dándole a la máquina de imprimir dólares cuando hace falta) También les gusta hacerse trampas a sí mismos (lo de imprimir billetes cuando hace falta es una de ellas, pero ojo, que puede ser peligroso si no tragan todos) o cambiar de nombre las cosas para que no cuenten como tales.

Vamos, que al igual que los astrónomos tienen su alter ego magufo en los astrólgos, los economías (esa gente seria que lleva las cuentas, analiza los datos, intenta llegar a conclusiones, ...) hay otra, de momento con el mismo nombre que se dedica a hacer predicciones con una base cuanto menos débil ¿cómo llamamos a esa ciencia? Ecología no, que es otra cosa (que también tiene si parte seria y sus magufos) ¿Economología? Yo habida cuenta la fe de sus seguidores y que cambian como las religiones, cuando les conviene o son ya muy evidentes, propongo algo así como Teoeconología, ecoteonomía, o simplemente, teología económica. Lo cierto es que a esta economía yo la veo más en la rama de la filosofía o de la teología que en la de las ciencias.

Y por supuesto, en esta nueva "ciencia" no faltan los partidarios del Apocalisis (que va retrasando poco a poco)