sábado, 10 de agosto de 2013

Dosis homeopáticas

El otro día estábamos hablando de homeopatía y como siempre yo me muestro escéptico. Ya he hablado al respecto en un par de entradas aquí y aquí con lo que creo que  mi postura está mas o menos clara.

Esta vez no me voy a liar con números de Avogrado, moléculas ni nada parecido. Voy a ir a algo más simple.

Composición de un medicamento homeopático. Fuente: propia.
En la imagen vemos un frasquito de un medicamento homeopático según ellos a base de Telurio. Supongo que no el que consume esto no sabe que el 65% del Telurio es radiactivo (es radiación Beta o lo que es lo mismo, emite electrones o positrones)  pero habida cuenta de la posibilidad de que te toque una parte de Telurio es como más bien escasa por no decir nula. Aparte de eso es ligeramente tóxico. También llama la atención de que el botecito de marras no ponga la cantidad exacta de gránulos .... leñe, que solo hay que contarlos y se supone que son una industria seria.

La cuestión es que si te pones a mirar una pastilla de paracetamol 650 podemos ver que hay unos 650 miligramos de paracetamol en una píldora que debe pesar en torno al gramo (puede ser más o menos, tampoco es que sea muy relevante) con lo que vemos que de la mitad del medicamento que ingerimos es un principio activo. Si leemos la etiqueta del medicamento homeopático, por cada gramo de producto hay 0,85 gramos de sacarosa y 0,15 gramos de lactosa. Parece que no queda mucho para el producto en sí, aunque claro, cuando algo se diluye 2000 veces  como que no debe quedar mucho ¿verdad? Cualquiera que no crea en la homeopatía podría pensar que lo que está tomando es azúcar con leche y lo cierto es que razón no le falta.

Para que algo haga efecto o no depende de la dosis. Cosas como el arsénico (que mata) son inocuas por debajo de cierto límite. Y cuando no hay dosis, ni efecto ni leches,

viernes, 9 de agosto de 2013

Disparando un cañón de las guerras napoleónicas (II)

En la entrada previa habíamos visto cómo se hacía el primer disparo de un cañón y dado que continúo con el rollo seguro que algún sagaz lector se habrá dado cuenta de que hay ciertas cosillas que hacer antes de volver a disparar de nuevo. A diferencia de en las películas, lo de pegar cañonazos es una cosa muy seria y por lo general, el artillero quiere sobrevivir al disparo. Antes de contar lo que hay que hacer vamos a echar un ojo al siguiente dibujo:
Diversos instrumentos de artillería.
Lo primero que vemos, con el numero 5 es un palo largo con dos cabezas. La parte de la izquierda es el atacador o rammer en inglés. Sirve para llevar los diversos elementos del disparo hasta el final de la recámara. Los atacadores se siguen utilizando en cañones modernos de retrocarga cuando por ejemplo, la carga de proyección y el proyectil no van unidos. Aunque los hay manuales suelen ser hidraúlicos. La parte de la derecha es la que nos interesa ahora. En inglés se llama la esponja aunque solía ser de lana de cordero o otros materiales similares. Quizás por eso en español se llama lanada Su utilidad, la veremos luego. El número 6 es otra lanada.
Debajo vemos con el número 7 otro artilugio con dos utilidades, aunque al igual que el anterior, podían ser dos. La parte izquierda se utiliza para medir la dosis de pólvora en caso de disponer de cartuchos preparados. Se metía hasta el fondo de la recámara, se le daba la vuelta y se vertía la carga. El lado derecho, aunque lo parezca, no se usaba para descorchar las botellas de sidra antes de la batalla. En inglés se llama worm (gusano) pero en castellano debe ser algo como sacabalas. Aparte del uso que comentaré más adelante también se usaba para descargar el arma si ya no se iba a disparar (con dos cojones)
En el número 8 se ven dos ejemplares de botafuego o lo que es lo mismo, un palo con una mecha lenta que se usa para darle candela a la pólvora. Para finalizar, vemos los punzones utilizados para perforar los cartuchos de pólvora (cuando se usan) a través del oído del arma.

Bueno, como decíamos antes, hemos dejado un cañón recién disparado y nos preparamos a largarle al prójimo que tenemos enfrente con una bayoneta dispuesta a guardarla en nuestras tripas una nueva descarga para sugerirle que igual atacar directamente una batería de artillería no es la mejor idea ¿cual es el siguiente paso? Previamente habíamos visto que lo primero que hacíamos era introducir una carga de proyección, pero claro, la pólvora negra tiene algunas propiedades curiosas como que su velocidad de deflagración no es muy alta. Eso permite cargar el cañón sin peligro de que reviente pero dentro del ánima pueden quedar pavesas ardiendo que podrían prender la nueva carga enviando al atacador junto con el artillero que lo maneja a tierra de nadie. Para evitar esto, con la lanada se debe limpiar muy bien el ánima, dejándola libre de pavesas y otras porquerías ardientes.

Voy a hacer aquí un inciso para comentar una cosa sobre el material de los cañones. Lo normal era que se hicieran de dos materiales: hierro o bronce. El hierro era más barato y se utilizaba sobre todo y curiosamente, en las piezas navales, mucho más pesadas. El bronce era más caro pero a cambio era más ligero y flexible. La utilidad de la ligereza se ve claramente al tener que mover las piezas por tierra pero la flexibilidad era una ventaja a la hora de disparar muchas veces sin que el arma se recalentara y explotara (la vida útil de un cañón eran unos 2-3.000 disparos) Los cañones navales españoles tenía una ventaja: avisaban mediante grietas antes de reventar. Pues dado que los cañones calentaban, de vez en cuando, hacia falta enfriarlos y el sistema era mojando la esponja y refrescando el ánima cada cierto número de disparos (depende del clima, la cadencia, ....) Para ello en la dotación de la pieza se incluían varios cubos.

Una vez limpia el ánima, se introducía el sacabalas y se extraía la parte inferior del saco que contenía la carga de proyección dado que no se había consumido y el arma ya está dispuesta para comenzar de nuevo la tarea de carga. Por supuesto, dado que no existe ningún mecanismo que amortigüe el retroceso del arma es preciso volver a poner el arma en posición y apuntar de nuevo. Todas estas tareas llevan su tiempo, con lo que el tiempo necesario entre dos disparos puede variar, según el calibre y el estado de los artilleros de uno a tres minutos fácilmente. Supongo que el cargar los cañones navales, mucho más grandes y pesados y en posiciones más angostas debía ser incluso más complicado, aunque seguramente las tripulaciones tuvieran un entrenamiento más exhaustivo por las cuenta que les tenía (vale, menos los españoles en Trafalgar con artilleros recién reclutados) Al parecer en un día "animado" un cañón podía disparar hasta 200 veces en un día lo que sale a unos 20 disparos la hora o lo que es lo mismo, uno cada tres minutos.

En otra entrada mencionaba la carga de la Brigada Ligera en Balaclava. La última andanada de los rusos se produjo sin limpiar los cañones, una situación muy peligrosa pero en este caso, se consideraba menos peligroso no limpiar el cañón que encontrarse con 600 animales a la carrera montados en otros tantos caballos con intenciones harto aviesas aunque equivocadas (el objetivo de la carga no debían ser los cañones de final del valle, si no los cañones turcos que habían capturado los rusos y se estaban llevando como trofeo en la derecha del valle)

jueves, 8 de agosto de 2013

Disparando un cañón de las guerras napoleónicas (I)

En el apartado anterior había hablado un poco de lo complicado que era mover un ejército en épocas pasadas, en especial la artillería. No es que hoy sea fácil sino todo lo contrario, pero por lo menos, hay máquinas y vehículos para ayudar, en lugar hacerlo casi todo por medio de la fuerza bruta (humana o animal) Lo cierto es que la mecanización no es tan reciente como pensamos. Ya en la Segunda Guerra Mundial se utilizaron cientos de miles de caballos para el transporte de tropas y materiales. Tan sólo los USA estaban completamente mecanizados aunque no movieron tanto gente como por ejemplo, alemanes o soviéticos.

En el apartado de hoy voy a intentar contar un poco lo que era el trabajo del artillero. Por algún motivo se necesitaba que los artilleros fueran personas fuertes. Los que voy a contar aplica principalmente a la artillería terrestre, pero es similar en la naval. Una excelente referencia de cómo funciona la artillería naval se puede encontrar en los libros de Patrick O'Brien.
Pieza naval capturada a un navío de la Pérfida Albión. Fuente: propia.


Pues el trabajo de los artilleros comienza transportando los cañones. Ya vimos que no era un trabajo trivial ya que un cañón podía llevar media docena de caballos y una docena de personas. Una vez decidido el emplazamiento de los mismo, se procede a desenganchar tanto el cañón como las municiones. Si hay suerte, el cañón se puede poner en posición, sino, hay que preparar la posición para el cañón y dado que la excavadora y el bulldozer no se habían inventado no quedaba más remedio que utilizar pico y pala. Si tenías suerte y elegías el lugar dónde combatir, te daba tiempo a proteger tu posición con trincheras, parapetos y otras construcciones de carácter defensivo. Si no te daba tiempo, pues nada, a pecho descubierto o como se pueda.

Una vez emplazados los cañones, se retira el carro con las municiones unos 20 pasos. Los cañones se separan unos metros unos de otros, para evitar que el fuego enemigo afecte a más de una pieza a la vez. Y a la espera de que empiece la batalla.

La munición a emplear puede ser de diversos tipos, aunque en el ejército,a  diferencia de la marina que tiene proyectiles más especializados, dispone de tres tipos de munición principalmente (no voy a meter los howitzer y morteros, me voy a quedar sólo con los cañones)
  • Bola de hierro. Es el proyectil que suele salir en las películas. Una bola de hierro capaz de llevarse por delante hombres, caballos, fortificaciones, etc. Disparado en diagonal contra una formación de infantería a la distancia correcta puede llevarse por delante a bastante gente. Es el proyectil con más alcance y más preciso (es útil hasta algo más de 1.000 metros, aunque en realidad puede llegar bastante más lejos)
  • Latas (o bolsas) de metralla (Cannister Shot). Pues se trata de eso, unos recipientes repletos de proyectiles de mosquete o similares que se expanden al salir del cañón con un efecto similar a los perdigones de una escopeta. Terroríficos contra la infantería, pero con un alcance aproximadamente la mitad que el anterior.
  • Racimos de proyectiles (grape-shot) similar al anterior, pero de mayor calibre y con un poco más de alcance. Se montaban en una estructura que recordaba un racimo de uvas.
También existen granadas para asedio, pero en esta caso, me centro en la artillería de campaña. La idea era utilizar los cañones con uso equivalente al que hoy en día tendrían las ametralladoras: barrer el campo de batalla para evitar el avance de la infantería o caballería. No conviene olvidar que por aquel entonces la infantería avanzaba en masas compactas intentando llegar al enfrentamiento a la bayoneta. Como el alcance útil de un mosquete eran menos de 100 metros, con lo que la artillería les batía desde al menos 10 veces esa distancia. Por fortuna para los infantes, la cadencia de fuego de la artillería y su precisión dejaban bastante que desear pero una serie de cañones bien colocados podía hacer mucho daño y frenar el avance de las tropas. Esta forma de combatir se mantuvo hasta la llegada de la ametralladora en la Primera Guerra Mundial, pese a la mejora de los fusiles que podían alcanzar fácilmente un blanco a más de 500 metros. Un campo de batalla cubierto por unas pocas ametralladoras con suficiente munición era un infierno.

Volviendo a las Guerras Napoleónicas, pues no encontramos a una formación de infantería avanzando todos elegantes, perfectamente alineados, con esos uniformes de "camuflaje" de color azul o rojo hacia nuestra batería. El jefe de la batería ordena cargar con balas de hierro dado que es lo más eficaz a distancia. Los artilleros corren hacia las municiones y traen la carga y el proyectil, dependiendo de lo que haya disponible, la cosa puede variar:
  • La carga de proyección: es un saquito de pólvora negra previamente pesado para asegurarse de que todos los tiros vayan al mismo sitio.
  • El taco: para interponerse entre la pólvora y el proyectil.
  • El proyectil. En este caso, una bola de hierro de un calibre inferior al del ánima.
Si la cosa va bien, la carga, el proyectil y el taco vienen sujetos por unas abrazaderas de latón lo que facilita la carga del proyectil y la velocidad de disparo, si la cosa no va tan bien, vienen por separado, y si la cosa está fatal, hay que medir la pólvora con una especie de cucharón y se vierte al final del cañón. El proceso es siempre el mismo, se introduce el componente por la boca y se ataca (empuja) hasta el final con el atacador (rammer) que es similar a una baqueta talla XXXL. Si el disparo está previamente preparado, la operación se hace una vez, si vienen suelto, se mete la carga de proyección y se empuja hasta el final, luego la estopa y se vuelve a atacar, luego el proyectil y por último, un nuevo taco. Ni que decir tiene que la cadencia de fuego con los disparos preparados previamente es mayor que si lo hacemos por partes. Tras ello, se introduce un punzón por el oído del arma para perforar la carga de proyección y se rellena de pólvora más fina que será la encargada de cebar la carga principal. Esta última carga era muy sensible a la lluvia o al viento. Por ejemplo, en los libros de Patrick O'Brien se describe que el artillero debe taparlo con la mano para evitar que se vuele.

En la imagen inferior, proveniente de la wikipedia aparecen numerados los siguientes componentes de un disparo:
  1. Cebo de la carga
  2. Carga de proyección
  3. Estopa (haciendo labor de taco)
  4. Proyectil (una bola de hierro en este caso)
  5. Estopa (sellando el proyectil para evitar que se pierdan los gases)
Corte un cañón cargado. Fuente: wikipedia
Una vez cargado el arma toca apuntar. Como siempre las armas se apuntan en una dirección determinada (azimut) y para cierto alcance (elevación) El alcance depende de la inclinación del cañón, a más inclinación hasta cierto ángulo, pues mayo alcance. Eso se hace variando la inclinación del tubo, bien por medio de una cuña o como por ejemplo, en la foto inferior, por medio de un tornillo. Por medio de una escuadra y una plomada era posible estimar el alcance. La dirección de tiro era más sencilla de ajustar: a base de músculo y de una serie de palancas se movía la pieza a izquierda y derecha.
Tornillo de reglaje del alcance. Fuente: propia
Una vez todo listo, solo quedaba aplicar un fuego a la carga de cebo para producir el disparo.Esto se podía hacer de diversas maneras aunque lo más común debía ser aplicar una mecha aunque otros cañones disponían de mecanismos de disparo al estilo de las pistolas.

Una vez producido el disparo ¿los siguientes son iguales? Pues no del todo, pero eso lo veremos el próximo día.