viernes, 9 de agosto de 2013

Disparando un cañón de las guerras napoleónicas (II)

En la entrada previa habíamos visto cómo se hacía el primer disparo de un cañón y dado que continúo con el rollo seguro que algún sagaz lector se habrá dado cuenta de que hay ciertas cosillas que hacer antes de volver a disparar de nuevo. A diferencia de en las películas, lo de pegar cañonazos es una cosa muy seria y por lo general, el artillero quiere sobrevivir al disparo. Antes de contar lo que hay que hacer vamos a echar un ojo al siguiente dibujo:
Diversos instrumentos de artillería.
Lo primero que vemos, con el numero 5 es un palo largo con dos cabezas. La parte de la izquierda es el atacador o rammer en inglés. Sirve para llevar los diversos elementos del disparo hasta el final de la recámara. Los atacadores se siguen utilizando en cañones modernos de retrocarga cuando por ejemplo, la carga de proyección y el proyectil no van unidos. Aunque los hay manuales suelen ser hidraúlicos. La parte de la derecha es la que nos interesa ahora. En inglés se llama la esponja aunque solía ser de lana de cordero o otros materiales similares. Quizás por eso en español se llama lanada Su utilidad, la veremos luego. El número 6 es otra lanada.
Debajo vemos con el número 7 otro artilugio con dos utilidades, aunque al igual que el anterior, podían ser dos. La parte izquierda se utiliza para medir la dosis de pólvora en caso de disponer de cartuchos preparados. Se metía hasta el fondo de la recámara, se le daba la vuelta y se vertía la carga. El lado derecho, aunque lo parezca, no se usaba para descorchar las botellas de sidra antes de la batalla. En inglés se llama worm (gusano) pero en castellano debe ser algo como sacabalas. Aparte del uso que comentaré más adelante también se usaba para descargar el arma si ya no se iba a disparar (con dos cojones)
En el número 8 se ven dos ejemplares de botafuego o lo que es lo mismo, un palo con una mecha lenta que se usa para darle candela a la pólvora. Para finalizar, vemos los punzones utilizados para perforar los cartuchos de pólvora (cuando se usan) a través del oído del arma.

Bueno, como decíamos antes, hemos dejado un cañón recién disparado y nos preparamos a largarle al prójimo que tenemos enfrente con una bayoneta dispuesta a guardarla en nuestras tripas una nueva descarga para sugerirle que igual atacar directamente una batería de artillería no es la mejor idea ¿cual es el siguiente paso? Previamente habíamos visto que lo primero que hacíamos era introducir una carga de proyección, pero claro, la pólvora negra tiene algunas propiedades curiosas como que su velocidad de deflagración no es muy alta. Eso permite cargar el cañón sin peligro de que reviente pero dentro del ánima pueden quedar pavesas ardiendo que podrían prender la nueva carga enviando al atacador junto con el artillero que lo maneja a tierra de nadie. Para evitar esto, con la lanada se debe limpiar muy bien el ánima, dejándola libre de pavesas y otras porquerías ardientes.

Voy a hacer aquí un inciso para comentar una cosa sobre el material de los cañones. Lo normal era que se hicieran de dos materiales: hierro o bronce. El hierro era más barato y se utilizaba sobre todo y curiosamente, en las piezas navales, mucho más pesadas. El bronce era más caro pero a cambio era más ligero y flexible. La utilidad de la ligereza se ve claramente al tener que mover las piezas por tierra pero la flexibilidad era una ventaja a la hora de disparar muchas veces sin que el arma se recalentara y explotara (la vida útil de un cañón eran unos 2-3.000 disparos) Los cañones navales españoles tenía una ventaja: avisaban mediante grietas antes de reventar. Pues dado que los cañones calentaban, de vez en cuando, hacia falta enfriarlos y el sistema era mojando la esponja y refrescando el ánima cada cierto número de disparos (depende del clima, la cadencia, ....) Para ello en la dotación de la pieza se incluían varios cubos.

Una vez limpia el ánima, se introducía el sacabalas y se extraía la parte inferior del saco que contenía la carga de proyección dado que no se había consumido y el arma ya está dispuesta para comenzar de nuevo la tarea de carga. Por supuesto, dado que no existe ningún mecanismo que amortigüe el retroceso del arma es preciso volver a poner el arma en posición y apuntar de nuevo. Todas estas tareas llevan su tiempo, con lo que el tiempo necesario entre dos disparos puede variar, según el calibre y el estado de los artilleros de uno a tres minutos fácilmente. Supongo que el cargar los cañones navales, mucho más grandes y pesados y en posiciones más angostas debía ser incluso más complicado, aunque seguramente las tripulaciones tuvieran un entrenamiento más exhaustivo por las cuenta que les tenía (vale, menos los españoles en Trafalgar con artilleros recién reclutados) Al parecer en un día "animado" un cañón podía disparar hasta 200 veces en un día lo que sale a unos 20 disparos la hora o lo que es lo mismo, uno cada tres minutos.

En otra entrada mencionaba la carga de la Brigada Ligera en Balaclava. La última andanada de los rusos se produjo sin limpiar los cañones, una situación muy peligrosa pero en este caso, se consideraba menos peligroso no limpiar el cañón que encontrarse con 600 animales a la carrera montados en otros tantos caballos con intenciones harto aviesas aunque equivocadas (el objetivo de la carga no debían ser los cañones de final del valle, si no los cañones turcos que habían capturado los rusos y se estaban llevando como trofeo en la derecha del valle)

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