jueves, 20 de febrero de 2014

Muerte de un disco duro

Hace mucho, mucho tiempo, en una la galaxia muy lejana había unos entes capaces de almacenar información llamados diskettes o discos blandos. Los más jóvenes los reconocerán por semejarse al icono de de guardar del Word, por ejemplo. Incluso antes, existían otros similares, más grandes que permitían guardar ingentes cantidad de información al increíble coste de una peseta por kilobyte (si, no me he equivocado) Claro que en un mundo donde un PC tenía 256 o 512 Kb, eso era una capacidad más que aceptable.

Esos discos eran unas láminas flexibles (de ahí lo de blandos) sobre los que una cabeza física tocaba y leía la información. En contraste, los discos duros eran uno o más platos de material metálico rígido (de ahí su nombre de discos duros) sobre los que flotaba un cabezal gracias al colchón de aire que generaba la rotación del disco. La alta velocidad de los discos (desde 3.600 a 15.000 rpm según tecnología) hacía inviable el contacto físico entre disco y cabeza.

Cada disco duro está compuesto por uno o más platos que almacenan la información. A mayor capacidad, posiblemente mayor sea el número de platos. Lo normal es uno o dos, en los discos  de gran capacidad (más de un Terabyte) no es raro encontrar tres o cuatro platos. Cada plato tiene dos cabezas de lectura escritura, una por encima y otra por debajo.

El plato está pulido como un espejo como puede apreciarse en la foto. Si lo tocas con el dedo no podrás quitar la imagen de la huella.


A la derecha se puede apreciar la cabeza lectora y a la izquierda el mecanismo que bloquea las cabezas cuando se pierde la alimentación eléctrica con el fin de evitar accidentes. También se puede apreciar arriba a la izquierda el filtro blanco de aire, para evitar que entre polvo (no, son herméticos) Por cierto, los dos imanes que acompañan a la cabeza son impresionantes.

¿Pues qué pasa cuando se produce una cosa llamada aterrizaje de cabezas? Pues que la cabeza entra en contacto con la superficie del disco ¿y que pasa cuando una cabeza de metal entra en contacto con un plato que está girando a 7.200 rpm por minuto o lo que es lo mismo, 120 veces por segundo. Pues la cosa está clara, ocurre esto:


El plato ya no está pulido como un espejo. A la izquierda se aprecia una profunda erosión en la superficie del disco, a la derecha se aprecian el impacto de erosión más suave (el daño gordo ya se cometió) Sobre la superficie, hay restos de metal.

Como detalle adicional, se podrá observar que en el disco caben más platos y cabezas lectoras (hasta cuatro, tenía dos) En la cadena de montaje se montan más o menos platos y cabezas en función de la capacidad del disco. En este caso, era un disco de 1 Tb con dos platos. No hace falta mucha imaginación para adivinar como harían el de 2 Tb.



El filtro de aire está saturado de partículas de metal que se pegan a los dedos cosa mala. En resumen: el disco ha quedado para el arrastre.



Para un usuario normal, el disco ha muerto, pero si tenías información y dinero hay empresas que pueden recuperar (si hay suerte) parte de la información del disco.